PENSAR LO NUEVO
Y el impacto de investigaciones recientes
Líquenes para no olvidar
Tendemos a olvidar al principio y al final de nuestras vidas. Muchas veces contra nuestra voluntad. Pero recientemente, se ha descubierto propiedades en líquenes de condiciones extremas que serían los protectores de la memoria.
Los líquenes de la Antártica, en particular, contienen moléculas que combatirían la enfermedad de alzhéimer.
Manchas oxidadas y descoloridas. Bosques diminutos. Aunque pequeños y con apariencia de estar evaporándose sobre las rocas, los líquenes cuentan con propiedades tan potentes que nos permitirían ir contra esa enfermedad que lleva, dentro de otras cosas, a lo que más tememos: olvidar
Por: Almendra Benavente
Hablando sobre descubrimientos, puedo decir a ciencia cierta: no soy científica. No manejo términos técnicos ni pretendo hacerlo pero me interesan las cosas pequeñas. Cuando viajo a Chile, siempre me maravilla la relación con el mar. Es una masa de agua grande, viva, brumosa, con olas y una resaca tan fuerte que se aleja totalmente de la piscina tibia que pueden ser otros océanos.
Veo a mi madre recogiendo y comiendo algas directamente del borde marino (no lo recomiendo). Contemplo a un hombre desafiando los latigazos del mar para cosechar cochayuyos. En una zona en que un tsunami desde el mar cambió el paisaje de la tierra. Sólo vestido con un traje de buzo, de pie ante las olas. Cubre la recolección de algas con una chaqueta, para que los demás sepan que es suya. Creo que representa bien lo que siento cuando estoy allá. Ajeno a los que mantienen su lugar en la arena de una playa que es solanera, a los caballos para pasear a turistas, a los autos que cruzan sin mirar por zonas protegidas donde anidan aves.
Y aún más que las algas, me cautivan los líquenes, a medio camino entre alga y hongo, también presentes sobre las rocas marinas. Como manchas oxidadas, descoloridas, delimitando una zona a la que hay que prestar atención. O bosques miniatura, con texturas y diferentes matices.
Si de descubrimientos científicos se trata, pienso en el líquen. En particular, en el líquen antártico como cura contra el alzhéimer, investigación llevada a cabo por un grupo de jóvenes científicos chilenos que estudian las propiedades de estas especies en zonas australes y climas extremos (1). Algo tan pequeño y que pareciera estar evaporándose sobre las rocas, podría tener propiedades tan potentes que permitiría combatir una de las enfermedades más devastadoras, que lleva, dentro de otras cosas, a lo que más tememos: olvidar. En la Antártica, las condiciones extremas generan compuestos que no están presentes en otras plantas, explica el investigador Francisco Salgado. Es decir, que el paisaje también nos moldea. Como dice Agnès Varda, «Si se abriera a la gente, se encontrarían paisajes. Si se me abriera a mi, se encontrarían playas.» Quiero creer que dentro de mí habría bruma del Pacífico.
Otros organismos de condiciones extremas como el Shilajit Andino, un musgo similar al alquitrán que se extrae de las montañas de los Andes, también podría mejorar la memoria y las funciones cognitivas. Incluso hierbas más comunes como el romero, prometen actuar contra el alzhéimer. De esta enfermedad en Chile se habla mucho, muchas personas la padecen. Para un país en que la memoria es tan importante, pareciera ser que por un lado, se distorsiona y por otro, se protege. O al menos, su propio paisaje y vegetación lo intenta.
A medida que pasa el tiempo, entiendo cada vez más la voluntad de querer aferrarse a los recuerdos, para no olvidar ciertas sensaciones. El miedo a olvidarlos: ¿tal vez no han ocurrido? Otros, persisten, incluso a nuestro pesar. Si una planta tan extrema, inaccesible, secreta, es la protectora de la memoria, ¿qué otro tipo de información contiene, por qué nos ayuda a recordar? (2)
Como cuando se habla de la infancia, en la que se dice no hay recuerdos de los primeros años pero al menos queda la sensación de una infancia feliz. O triste. Y al revés, cuando las personas envejecen y van temiendo olvidar, como si la memoria fuera prueba de que aún queda vida. Por lo que olvidamos al principio y al final de nuestras vidas. Recuerdo a mi abuela, en sus últimos días, repitiendo una y otra vez su receta de galletas de avena y nosotras, escuchándola atentamente cada vez, como si fuera la primera. No se trataba sólo de comida: era su forma de decir que nos quería. Y que la receta podía perdurar entre nosotras. Ella era también, a su modo, una planta de paisaje extremo.
Cuando regreso a visitar a mi familia, revivo e intento crear nuevos momentos memorables. Fragmentos pequeños, simples. Así es también como se recuerda. Un color, una textura, una sensación. Lo bueno es que el líquen está en todas partes.
La investigación en torno a las propiedades de los líquenes para combatir el alzhéimer, busca impedir el anidamiento de la proteína TAU, la cual se despega de la estructura neuronal y comienza a aglomerarse.
(2) Para combatir enfermedades neurodegenerativas, el equipo liderado por el Dr. Alberto Cornejo, académico de la Universidad Andrés Bello (UNAB), ha logrado aislar compuestos como el ácido fumarprotocetrárico del líquen Cladonia cariosa en la bahía Fildes en isla Rey Jorge.
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