MACHI JUANITA QUEUPUCURA
“El caballo es la fuerza que me agarra a mí”
Hay distintas maneras de obtener el don de Machi. Puede adquirirse a través de la madre o de un animal. En esta entrevista, la Machi Juanita Queupucura nos revela cómo obtuvo el suyo: a través de sueños, de su madre y del encuentro con distintos animales. También nos detalla cómo se manifiesta la fuerza que adquirió del Caballo y del Trueno; los espíritus que la acompañan en todos sus trances.
La casa de la Machi Juanita en Coyahue, está presidida por un rehue, escalera y vehículo para hablar con los dioses. En su rehue particularmente, sobresale un detalle; en la parte posterior cuelga una prominente cola de caballo; el caballo es la fuerza que la agarró en el comienzo de su formación como Machi.
Por: Ileana Diotima
Imágenes: Amara Bustamante
PARTE 1: SOBRE LA TRANSMISIÓN DEL DON
Superreinos: ¿Su mamá también era Machi?
MJQ: Sí, ella también se estaba preparando de Machi; por eso a mí me siguió su mismo espíritu.
¿Ella también tenía un rehue, como usted?
No, ella sólo tenía atados de canelo.
¿A usted le agarró el don entonces, a través de su mamá?
Claro también, pero de antes de eso; a mí ya me habían agarrado de niña.
Yo estaba en Trayenko cuando, en una vertiente de agua, encontré un animalito. Yo estaba buscando agua con un baldecito. Al animalito yo lo quería agarrar, pero no pude agarrarlo, por tonteras que dice uno. Se subía adentro del agua, después salía otra vez, después trataba de volver a agarrarlo y volvía a entrar al agua. Era un ternerito.
SRRS:¿Cuándo llega el don, el animal siempre se trata de escapar?
Sí, se escapa, no le gusta que lo agarren. Pero después el ternero volvió a aparecer en mi casa.
Pero usted me había hablado de su poder por medio de un caballo…
Después también me agarraron por un caballo. Era un alazán grande, colorado. Llegaba a brillar el caballo. Ese caballo me hizo tiritar. Yo lo quedé mirando. Me movía la cabeza, y yo le moví la cabeza también. Me reí. Yo sólo me reí. Después le conté a mi esposo, en la casa. ¡Otra vez!, me dijo.
¿Cómo recibe usted el espíritu del caballo?
Cuando salgo a trabajar, le siento la respiración. Fuerza muy grande es esa. Lo siento respirar detrás de mí. Esa es la fuerza que tengo. Y cuando entro en trance, él muestra su patita. Yo siento su pata cuando suena, viene entrando, con el trance. Va avanzando.
¡Qué maravilla!
Después me volvieron a agarrar en Trueno, pero en sueño me agarré eso. En sueño me avisaron que ellos se sentaban cerca de la puerta, mirando así, para arriba. Y le hice caso al sueño. Primero alumbró el relámpago y abrió mi cara. Quise gritar pero no grité; me habían dicho que no había que gritar. Pero de repente, encima de mi cabeza sonó el trueno y era como si me partiera la cabeza. Y así, de a poco, me agarraron.
Después, en San Juan, como a las cinco de la mañana, una cosa azul llegaba a mi cara, llegaba y volvía. Se acercaba y se iba. Y así, de a poco ya no supe más. Después una mujer me dijo que me había llegado el trance. “A ella le llegó su espíritu”, decía. Yo no sabía. Y después de eso, todos entendieron que me había llegado mi poder.
¿Y no le da un poco de susto?
¡Claro! ¡Llego a saltar! (Se ríe).
¿Y con el Trueno siempre le duele la cabeza?
La primera vez sí, después ya no sentí dolor. Calor, sí. Y el color azul, porque el trueno llega así, se muestra de color azul.
¿En ese momento supo que iba a ser Machi?
No, desde antes. Ya a los doce años me enseñaron mi remedio en sueños. Desde niña, en sueños, me daban hojas de remedio, y después iba al monte y las encontraba. Montonera de remedios tenía. En sueños me enseñaron a mí. Cada Machi tiene su remedio propio.
¿Y en todos sus trances le entra el trueno y el caballo?
Sí, siempre los dos; pero el Trueno es el que me agarró más fuerte, y al ternerito no lo vi más.
Hace un tiempo también me entraba el arcoiris; entraba en la cocina. Y cuando recién construímos esta casa con mi Viejo, aquí mismo, en este lugar, entraban las Estrellas, el Sol y la Luna. Nosotros estábamos sentados aquí, tomando mate en la mañana, y de pronto le dije ¡Mira Viejo! Y vimos las estrellas aquí, adentro de la casa.
Lugar de la casa donde rondaban las Estrellas, el Sol y la Luna.
PARTE 2: EL TRANCE
SRR: ¿Cómo consiguió su rehue?
MJQ: Este rehue me lo hizo mi hijo, pero yo lo pinté. Yo le echo trigo, porotos, papas. Es de hualle, porque con hualle se hacen. Tiene que estar en contacto directo con la tierra, por eso con el tiempo se pudre y se tiene que construir otro.
Mi hijo le dejó los escalones bastante altos (Se ríe). Cuando me subo puede pasar cualquier cosa, pisar, saltar, caerse. Pero no pasa nada. Y eso que yo subo con la cara vendada, porque así es como vemos.
Su rehue tiene una cola de caballo por atrás.
Sí. Porque es el caballo la fuerza que me agarra a mí.
Y también tiene cuchillos…
Sí, para defenderse.
¿De qué tiene que defenderse?
A veces cuando viene algún paciente a visitarme y viene muy cargado, se queda el espíritu malo rondando por mi casa. Quedan dando vuelta en la casa de uno, como un día o dos, perdidos, pero a esos uno los resta, les da agua ardiente y se van.
Hay otros que vienen porque a uno le tiran mal. Cosa mala le mandan, y ahí quedan. Y si uno los reta, ahí esos dan vuelta la casa, y la hacen sonar.
Buenos cuchillos le puso. ¿Con el rehue hace la rogativa?
Sí, yo me despierto tempranito, tipo cuatro de la mañana; caliento mi kultrún y así empiezo a hacer rogativa. Si llamo lluvia en la mañana, entonces llueve.
¿Usted llama la lluvia?
No es tanto, pero llueve. A mí me llega el trance en la mañana, en la tarde ya no me llega.
Usted cuenta que cuando entra en trance no habla en mapudungun, sino en un idioma sagrado.
Es el idioma que viene del Cielo. Y cuando llega un paciente, el zugumachife es quien me recibe la palabra. Él habla con los pacientes, no yo. Porque cuando entro en trance no sé lo que digo.
¿Y quién es su zugumachife ?
Mi marido era mi zugumachife. Trabajábamos juntos pero, desde que falleció, ya no tengo quién me tome la palabra.
Cuando nos conocimos, en Conguillio, usted me veía escribir y se reía de mí. Yo registraba todo y usted me decía: ¡Para qué escribe tanto usted! ¡Para qué sirve todo eso!
Jaja, eso es porque yo no sé escribir. Pero cada cual tiene su palabra. Yo tengo la mía, y usted tiene la suya.
¿Pero usted cree que al escribir se pierde algo?
Claro, se puede perder.
El rehue en la entrada de la casa de la Machi Juanita Queupucura.
Rehue con cuchillos
Cola de caballo en la parte posterior del rehue
PARTE 3: SUEÑOS PREMONITORIOS
SRRS: ¿Usted quería ser Machi?
MJQ: No, yo soñaba machi, pero renegaba ser machi. Cuando mis hijos entendieron que a mi me había llegado mi espíritu, ellos se preguntaron ¿Y cómo lo vamos a pagar? Porque es caro ser machi. Es caro aprender. Entonces se fueron al norte a recolectar fruta. Y así me pagaron para ser machi.
¿Y se puede renegar?
Por eso caí inválida y terminé en el hospital. Se me paralizaron las dos piernas, yo pensé que me iba a morir. Ya sólo quería encontrarme con mi mamá en el cementerio. Mi Viejo estaba muy triste, y para calmarlo yo lo consolaba diciéndole que encontraría a otra mujer.
Mientras estaba en el hospital, una noche soñé que me encontraba con un matrimonio, eran vecinos de aquí; me habían atajado en la cancha, estaban cada uno con una bandera negra.
¡Banderas negras!
Si, yo me preguntaba en sueño ¿Por qué me atajaron acá? ¿Por qué están parados aquí, esta pareja?
“Usted no tiene pasaje”, me dijeron, vuélvase. Entonces yo le pedí al caballero que me pasara su bandera y él me la pasó. La quebré por la mitad y la tiré hacia el sur. Lo mismo hice después con la bandera de la señora.
Usted no iba a morir…
Sí, pero sabe qué, luego ellos dos murieron. A mi en sueños me dicen de todo, y a veces también me avisan quiénes van a morir. Yo hablo directamente con los dioses.
colaboradoras
nuestro esqueleto