CRISTIAN GEISSE NAVARRO
“Tengo una visión de seres hechos de electromagnetismo”
Viajamos hasta Vicuña para conversar con el poeta, narrador y ensayista Cristian Geisse Navarro. Nos recibió en su casa de infancia, en un amplio patio donde corretean gallinas kollonkas y polacas; hablamos sobre el poder de las plantas y de cómo preparar el Ñache, una sustancia ficticia para experimentar alucinaciones colectivas; de dioses muertos y sueños lúcidos, fenómenos de la realidad que no tienen explicación, entre otros milagros y maravillas.
Por: Francisco Ide, Ileana Diotima, Ricardo Vivallo
PARTE I: ¿Sueñan los Diaguitas con Llamas Desérticas?
Superreinos: Llegamos a visitarte con ofrendas, como los reyes magos; la primera es esta
imagen del Floripondio, una planta de poder traída por los Incas desde la Amazonía hasta el
sur de Chile, que tiene la facultad de conectarnos con los muertos.
Cristian Geisse: ¡Ohhh, gracias! Se dice que no es una planta gentil, es cruda. Es muy curioso que llegaran esas plantas desde la amazonía, a tantos miles de kilómetros. He estado leyendo a un escritor chileno impresionante que se llama Boldrini, famoso por lo desconocido (le dimos un premio con el colectivo Pueblos Abandonados). Tiene un libro que se llama Chucheta, donde habla de los tipos de sombra de los árboles. Cuenta que la sola sombra del Latué (Latua pubiflora) enloquece. La sombra del Floripondio es más amable, pero produce un hielo. Quizás alguna sombra produce la muerte.
Al menos ciertas plantas, por sus efectos, producen una visión de la muerte… distinta a las Experiencias Cercanas a la Muerte, tema con el que estoy pegado. En las noches escucho relatos de esas experiencias y duermo como un ángel, he perdido todo el miedo a la muerte.
Floripondio, Ilustración Patricia Domínguez
SR: Es interesante cómo las ECM hacen pensar en la realidad como un universo más amplio del aceptado racionalmente. Algunos piensan que el cerebro es una especie de filtro o antena que estabiliza la realidad, pero que existe una supraconsciencia donde toda la información está disponible.
CG: Claro. Rupert Sheldrake, cuando aborda la teoría morfogenética, habla de eso. Yo lo caché por una entrevista que le hicieron a Nicanor Parra donde menciona esta teoría y cuenta sobre la experiencia de unos científicos que le enseñaron a unos monos, en una isla, a lavar los tubérculos en el agua; luego descubrieron que, en otra isla distante, otros monos empezaron a hacer lo mismo, sin que nadie les enseñara.
Eso es una evidencia, al parecer, de que la comunicación o la información no necesita un medio físico para transmitirse. Parra no se lograba explicar de dónde sacaba algunas cosas la Violeta, y creía que de alguna manera se traspasaba conocimiento de su cerebro al de ella. Sheldrake plantea que la conciencia no es un subproducto del órgano y que el cerebro es más bien una suerte de antena, como dices. Yo estoy llegando a ese convencimiento.
SR: Dentro del saber chamánico de la amazonía también se tiene esa idea sobre la comunicación sutil de la que hablas. Se dice que las plantas tienen intenciones y comunican su saber.
CG: Hay un libro precioso que se llama La serpiente cósmica, del antropólogo Jeremy Narby. Se los voy a traer al tiro de regalo, para que se lo lleven. Ahí cuenta que en la amazonía le dieron una mezcla de plantas que le curaron un dolor crónico que no se le quitaba con ningún tratamiento médico. Cuando pregunta de dónde viene ese conocimiento, le responden que “las mismas plantas te dicen para qué sirven”.
La Serpiente Cósmica, Jeremy Narby
Una vez escuché a una machi que decía que en tu casa crecen las plantas que necesitas, y acá empezó a crecer de la nada un toronjil cuyano (Marrubium vulgare o hierba del sapo), con bastante intensidad, y empecé a tomarlo. Un romero también salió por allá. Parece que la casa te va diciendo.
SR: En ‘Tu enfermedad será mi maestro’ hablas sobre la memoria, y el romero sirve, justamente, para la memoria. Hamlet le regala ‘rosemary’ a Ofelia para que no olvide. Se dice que hay plantas que sirven como guías para encontrar respuestas en los sueños.
Toronjil Cuyano en el patio de la casa de Cristian Geisse
CG: ¡Sí! A veces hay mensajes en los sueños, hay sueños mágicos. Incluso hay culturas que dicen que uno no debe negarse al contenido de un sueño mágico. Un tiempo andaba súper desesperado, sin saber pa dónde iba la micro, me preguntaba si tenía que ser escritor o para qué estaba aquí, andaba atrapado, y vi a un mentalista en Youtube que recomendaba pedirle consejos a los sueños; entonces empecé a pedirle continuamente consejo a mis sueños y me dieron dos. Les voy a contar el más importante para mí.
De pronto me despierto y estoy en una casa tipo hobbit, una casa súper chica, todo me parecía muy real. Los sueños, en general, tienen una luz opaca (¿de dónde sale la luz de los sueños, a todo esto?), pero la luz de este era radiante. Había un huevón con poncho, parecido a Gastón Soublette, y yo al tiro pienso ¡Un mago! Y le dije ¡Hagamos cosas mágicas! Salimos a una especie de jardín con varios animales, habían pájaros blancos, mandriles. De pronto me acordé de Castaneda y me miré las manos, entendí que estaba en un sueño y que me iba a despertar, entonces pregunté “¡Qué tengo que hacer!” y escuché una voz clarísima que me decía “¡Explora tu vida!”, y desperté. Caché que en ese momento tenía que enfocarme no en la vida en general, sino en la vida interior, propia. Es el gran misterio de la conciencia personal, porque no se puede acceder a la conciencia del otro.
SR: En tu obra has explorado ampliamente el tema de la consciencia, de la consciencia alterada e incluso de la conciencia colectiva, por ejemplo con esa droga que aparece en tus cuentos, el Ñache
(‘Pobres diablos”, Emecé, 2018)
CG: Me imaginé cómo podría hacerse una droga para tener alucinaciones colectivas. Lo que pasa es que acá en la cordillera hay una yerba que se llama yerba loca (Hyoscyamus niger). Hablo de eso en el cuento “La Negra”. Es una historia que me contó el Ramiro, que es criancero hasta el día de hoy. Él nos habló de esta yerba, que donde la pillaban la quemaban, porque las cabras después de comerla se enviciaban y se perdían del rebaño buscándola. Yo me imaginé que uno podría intoxicar a estos animales dándoles una cantidad enorme de yerba loca, y después, al cortarles el cuello, saldría esta sustancia alucinógena, parecida al ñachi.
SR: En tu cuento “¿Has visto un dios morir?” usan esa droga para recrear colectivamente la experiencia de ver morir a un dios antiguo.
CG: ¡Claro! Yo en su momento pensaba sobre el llamado pueblo Diaguita, de aquí, y me preguntaba cuáles eran sus dioses y ¡para dónde se fueron! Quería entender, en primer lugar, lo que veían y cómo pensaban, una huevá que es totalmente imposible, porque desaparecieron para siempre. A partir de la pura especulación, mirando los cacharros, los petroglifos; algunos ven sapos u otros seres. Hay un petroglifo en que el Nacho, por ejemplo, está convencido que hay un tucúquere, y me cagó, ahora no puedo no verlo. Yo quería ver a esos dioses muertos, quería entender cómo eran. Todavía no puedo ver a los dioses diaguitas, pero al menos tenemos esas imágenes.
Ellos tenían una vida espiritual riquísima, y consumían sustancias como la Anadenanthera, que también la conocen como cebil, para tener visiones (acá tengo una falsa Anadenanthera) y todo eso se perdió. Yo quería entender o recrear ese conocimiento, traer de vuelta a esos dioses que ya no están, y lo intenté en ese cuento, donde el Ñache permitía compartir fragmentos de consciencia con los otros, uno de los cuales había visto morir a uno de estos dioses.
SR: ¿Has tenido experiencias con plantas de poder u otras sustancias alucinógenas?
CG: Muy poca. Había un grupo con el que me juntaba a excederme, los Caña Fija, y ahí en la casa de mi amigo Jarro probé San Pedro (huachuma), pero no me pasó nada, creo. También probé el psilocybe, que me provocó una intensa felicidad. Lo más cerca a una alucinación que he tenido, fue cuando fumamos no sé qué cosa con los Caña, y recuerdo que estaba mirando el atardecer y comencé a oír distintas tonalidades de sonido a partir de los colores, una experiencia sinestésica; es lo más lejos que he llegado. Tengo una mente muy volátil, me da miedo quedar loco o no volver del viaje.
SR: Oliver Sacks cuenta que sufre de migrañas que lo hacen ver formas geométricas, y se pregunta si las culturas antiguas habrán sacado sus figuras a partir de estados alterados de conciencia.
CG: Es súper probable, de hecho acá hay una arqueóloga muy importante, Paola González, que está a cargo de El Olivar, donde descubrieron la necrópolis más grande encontrada del pueblo Diaguita. A partir de esas tumbas han hecho varios estudios genéticos, encontraron, por ejemplo, que usaban el chamico. El chamico sí que es malo, se usa con malos fines, para someter a hueones. Según el Nacho (mi primo) sirve para hacer el imbunche.
A partir de este descubrimiento salieron varias cosas sobre los Diaguitas, entre ellas la evidencia del uso de alucinógenos –el chamico, la anadenanthera– y la relación que tenían con los animales: tenían perros y ¡enterraban a sus muertos con las llamas!
Las geometrías y patrones de estos pueblos, en sus telas y cacharros, se cree que podían ponerte en un estado especial, ver movimientos en las figuras, formas ocultas. Quizás de dónde vienen estos patrones, de alucinaciones por sustancias, de migrañas, es difícil saberlo.
Falsa Anadenanthera, frenta a la casa de Cristian Geisse
PARTE 2: Del diablo en el cuerpo a las esferas lumínicas de Dios
SR: En una entrevista dices que exploraste el tema del diablo (Pobres diablos, cuentos reunidos), después la etiología humana (Sapolsky, Emecé, 2021) y que luego querías entender o abordar a Dios.
CG: Ya estoy llegando a ese lugar. Creo que a partir de las ECM he ido accediendo de manera natural al tema de Dios. Lo malo es que al parecer significa que en algún momento tenemos que despedirnos. ¿Cuánto tiempo se podrá vivir en la consciencia de Dios? ¿Todo lo que uno quiera? Igual qué rico.
De a poco creo que voy accediendo a esa idea. Ahora estoy escribiendo La montaña es la montaña, donde quiero que un personaje esté obsesionado con las ECM y la extraña idea de que en realidad somos bolas de luz. Una luz gigante con forma esférica –algo parecido al Aleph de Borges– , de la que emana una especie de amor indescriptible; sobre ese tema estoy escribiendo y tengo algunos avances de otro proyecto sobre los brujos de esta zona.
SR: ¿Y después de eso?
CG: He estado pensando que después me voy a dedicar a escribir poemas sobre Dios. No sé si resulte mucho hablar de ese tema desde la narración. El otro día fui a una iglesia y escuché el sermón desde un código completamente distinto, influido por las ECM. En el fondo el saber de Cristo es la certeza de Dios, por eso siente compasión y pide por los otros, porque no saben qué huevá están haciendo. Las personas que han experimentado las ECM vuelven con una información igual al mensaje de Cristo: la compasión; ser bueno, no ser penca con los otros huevones; parece que vinimos a comprender ese mensaje en este plano.
Jung también relata que experimentó una ECM, creo que en su juventud, y cuando le preguntan si cree en Dios, dice que él sabe que Dios existe, que es muy distinto a creer o no. Yo no tengo casi ningún convencimiento de nada, y a veces pienso que estoy puro hueviando, pero cada vez me convenzo más.
SR: Salvo la gente que vuelve de la muerte para contarla, la mayoría vivimos en el desconocimiento total de esa transición. Hay muchas cosas de la realidad que tampoco podemos explicarnos del todo.
CG: Hay una frase de Borges –una cita de Paracelso– que dice que el único pecado es no saber que vivimos en el paraíso; creo que por ahí va. La realidad es muy rara, la otra vez con la Leslie, mi polola, vimos una huevá muy cruda, muy extraña. Estábamos en la Fiesta de la Pampilla, con el cabezón Ricardo y su pareja, colega mía del colegio. De pronto el cabezón dice “mira esa huevá” y, en una loma, detrás de los caballos, vimos aparecer una figura gigante, una sombra densa, como un pájaro negro de tamaño humano, una huevá muy terrorífica ¡y lo vimos los cuatro! Después apareció un cantante urbano y me pasé el rollo de que ese cabro hizo un pacto y que el diablo estaba ahí, sobrevolando, mirándolo.
SR: “Fue visto por el diablo sin darse cuenta”, como le pasa a un personaje de “Pobres Diablos” ¡Quizás viste eso mismo!
Pobres Diablos, Cristian Geisse
CG: ¡Sí po! Incluso después me puse a pensar si no habré hecho yo el pacto en algún momento, porque siempre he pensado que unas de las condiciones que pediría sería no recordarlo. Y pensaba “¡Ojalá que no haya hecho eso, que no sea yo el que hizo eso!”. Espero que no, no creo, al final uno es realmente insignificante. ¿Ustedes saben la última palabra que dijo Gabriela Mistral?
SR: Cuéntanos.
CG: Dicen que apuntó con el dedo y dijo “¡Triunfo!”. La gente lo interpreta de distintas maneras, pero yo creo que vio a Yin Yin. Ella vivió en una lucha eterna por volver a verlo; yo creo que vio que estaba bien y sintió que por fin triunfaba ¡Al fin! Ella tenía esa percepción sobre mundos que están y no están aquí, a partir de toda su inmersión en la teosofía.
En mi caso todo es culpa de la Gabriela Mistral, si ella hubiese sido matemática, quizás yo hubiese sido también. Yo quería ser como ella, quería que me quisieran y ser respetado, aunque suene ramplón. Pero me pregunto por qué persistí más allá de lo razonable.
La poesía es también una manera de acceder a otras formas de realidad. Yo hace un tiempo estuve muy inmerso explorando el discurso materialista de la ciencia, sobre todo investigando a Sapolsky, pero me he ido separando de eso, son discursos un poco limitados. La realidad es extraña y amplia.
En la pared del lugar donde me siento a trabajar tengo pintada una frase que suelta Sapolsky a partir del genetista Haldane: “La realidad no sólo es más extraña de lo que imaginamos, sino que es más extraña de lo que somos capaces de imaginar”, todo es inestable, incluso lo que somos.
Pobres Diablos, Cristian Geisse
SR: Ya que hablamos de plantas y otras realidades mutables, te hacemos entrega de nuestra segunda ofrenda de reyes magos. Como no podíamos traerte oro, te trajimos lo más parecido: un frasco de polen.
CG: ¡Oh, oro mutado! En un libro que se llama Tres poemas, hablo del polen y de otros mutantes, como los pulpos, que ¿han cachado que tienen una súper inteligencia? Pero no es una inteligencia gregaria, de manada, es solitaria.
Estructuras de granos de polen (Nature Magazine)
SR: Hasta hace poco se pensaba que eran totalmente solitarios, pero encontraron pulpos que viven en comunidades, con jerarquías y todo, Octópolis y Octlantis, les pusieron a esas ciudadelas, formadas principalmente por pulpos sombríos (Octopus Tetricus).
CG: ¡No! ¡Siempre lo supe! Son muy raros, pareciera que hubiesen mutado a otra línea evolutiva. Como que no encajan, son como cerebros. Cacha que las crías se comen a la madre y después viven una vida solitaria… Eso creía yo al menos hasta ahora ¡Qué huevá más preciosa las ciudades de pulpos! Impresionante cómo se van descubriendo cosas. Por algo dicen “el arte cambia, la ciencia avanza”, al decir del súper escritor científico Stephen Jay Gould.
SR: El mismo Sheldrake dice que el espejismo de la ciencia es que cree que comprende la naturaleza de la realidad ¿Estás de acuerdo con eso?
CG: Claro, habla de ese dogmatismo, la idea de que ningún fenómeno se puede entender si no es desde la ciencia. Claramente no es así, se cae en la misma soberbia de los fariseos, que creen que conocen la ley y cuando llega Cristo les hace ver que puta que son ahueonados, ciegos guiando a ciegos. Yo encuentro que el método científico es una herramienta mortal, super efectiva y que funciona de verdad, pero es claro que tiene sus limitaciones.
SR: ¿Qué otras herramientas crees tú que existen para aproximarse o conocer la realidad?
CG: Las que están investigando ustedes, y las que investigó de manera brillante Jeremy Narby, mediante la alteración de la química cerebral. En esas experiencias te acercas a realidades a las que, en nuestro estado normal o promedio, no tenemos acceso. Me encanta lo que están haciendo, ¿El nombre Superreinos es a partir de los psilocybes?
SR: Nos parece un halago que pienses que se origina de ahí, porque de todas maneras por ahí va.
CG: Me imagino que han leído a Terence McKenna, a mi me encanta. Me gusta cuando dice que vamos a llegar a un punto en que la realidad se va a volver tan rara, que el ser humano se va a transformar en otra cosa, vamos a vivir un gran salto evolutivo “¡The madhouse on fire!”, dice. ¡Y ahora estamos en ese preciso momento! Con Trump, la Inteligencia Artificial, la división genética. ¡Estamos viviendo tiempos como los que él describe!
SR: Incluso descubrieron unos seres… ¡organismos que no están ni vivos ni muertos! A propósito, ¿qué opinión tienes sobre la vida en otros planetas?
CG: En un momento estaba pegado con el fenómeno de los ovnis, un tema que puedes creer o no, pero que te permite abordar perspectivas super alocadas y distorsionadas sobre la ciencia, la religión, la política, la realidad en general. Sin tener ni buscar pruebas científicas, porque no soy un científico, me parece que estadísticamente la vida extraterrestre debiera ser prácticamente una certeza.
SR: ¿Has vivido experiencias del tercer tipo?
CG: Les voy a contar una de las cosas más raras que he visto. Yo estaba metido en este tema, y de pronto me llaman y me avisan que se ha estado viendo algo en el Mamalluca, unas luces raras. Fuimos con mi pareja de ese momento, en una camioneta. Pasamos el observatorio de Mamalluca, nos metimos por caminos, nos fuimos alejando y no encontrábamos el lugar donde yo sentía que teníamos que estar.
En un momento ya nos paramos y pa’ chacotear puse la Sinfonía de los planetas, de Holst. Empezó a atardecer y se hizo de noche. Nos sentamos por ahí a mirar el cielo, las luces de los aviones, la trayectoria de los satélites y no pasaba nada. Se acaba la Sinfonía de los planetas y ella se vuelve al auto a armar un cigarro, y derrepente veo que se forma una maraña de luz; era como una gasa rota que de pronto se fue juntando en un globo verde que empezó a acercarse.
Emitía una luz potente, que cambiaba de verde a blanco. Yo entré en pánico y le grité a mi polola “¡¿Lo estai viendo?!”, “¡Siiiiiiii!”, me gritó de vuelta, y la esfera se acercaba cada vez más, hasta que se detuvo y ¡Fummm! partió a la mierda, dejando como una estela. Yo pensaba “¡menos mal que fui con ella, porque si no nadie me cree esta huevá!”. Hasta el día de hoy me cuesta mucho contarlo, porque anda a saber qué huevá fue eso.
SR: ¿Tienes alguna teoría?
CG: Siempre me pregunto qué habrá sido. Me puse a investigar sobre el plasma, que es una forma de la materia, buscando explicarme qué era, porque además parecía que tenía consciencia, por la manera en que avanzaba lentamente, como si se detuviera a observarnos, hasta que partió. Quizás se trata de una tecnología que enviaron para mirarnos. Puede ser cualquier cosa.
También leí sobre los relámpagos globulares, las centellas. Puede que mi memoria haya ido modificando el recuerdo. También da para pensar que existen otras formas de consciencia que no necesitan un vehículo humano, o hecho de carbono, sino que son otra cosa. Quién sabe. Tengo una visión de seres hechos de electromagnetismo. Tampoco descarto que fuera yo mismo, mirándome desde el futuro.
SR: ¡Un doppelganger galáctico!
CG: ¡Eso!
l
Biólogo Haldane en la casa de Cristian Geisse
Presencia Omnipresente de Mistral en Plaza de Armas de Vicuña
Vicuña, Chile, primavera 2025
colaboradoras
nuestro esqueleto