Revista Superreinos, Ciencia y Ficción

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PENSAR LO NUEVO

Y el impacto de investigaciones recientes

ANDROIDES ATARÁXICOS




En 2024 mediante Inteligencia Artificial, se logró un imposible: descifrar los textos inscritos en papiros carbonizados tras la erupción del volcán Vesubio, hace cerca de dos mil años en Herculano, Italia. Los investigadores sospechan, que estos papiros del siglo II contienen mayoritariamente obras literarias de la Escuela de Epicuro sobre el tema del placer.

La inteligencia artificial paulatinamente absorbe nuestro lenguaje y vocabulario. Y probablemente, pronto escribirá gran parte de nuestras futuras historias, películas, canciones, novelas. Es pertinente entonces preguntarse cuáles serán sus lecturas y referencias. Porque sabemos que quien domina el relato, domina la realidad.


por Ileana Diotima Elordi



La Inteligencia Artificial nos permite volver hacia atrás. Y aquí radica algo mágico e inquietante. No sólo acelera los avances que nos permitirán alargar nuestra existencia, con la invención de vacunas o robots líquidos capaces de traspasar la materia. Ahora también, nos conecta con palabras que rondaron en mentes humanas de hace cientos de años y que luego nuestra especie olvidó. 

Al tomar contacto con la lava del Vesubio en el año 79 d.c., los rollos de papiros de la Biblioteca de Herculano quedaron convertidos en tubos carbonizados. Imposibles de abrir y de una delicadeza tal que el mismo contacto con el aire los afecta. Luego, fueron descubiertos durante una excavación en 1725, momento desde el cual gracias a generaciones de mentes iluminadas, han sido resguardados con la esperanza que algún día la tecnología nos permitiera descifrarlos. 

Y así fue. En el año 2024, un grupo de investigadores (*) lograron leer, después de casi dos siglos, parte de las palabras inscritas en estos trozos de carbón. Al fin lograron desplegarlo, mediante un mapeo digital sin precedentes. Lo hicieron con esta inteligencia que pareciera tener una nueva categoría ontológica: porque la IA no está viva, tampoco inerte. Es una forma de conciencia intermedia. O al menos, una forma muy particular de imitación. 

En la actualidad, resulta evidente que los robots ya tienen cierta “agencia propia”: aprenden por sí mismos, intentan engañarnos camuflándose por humanos, toman decisiones sin aprobación de nadie, pueden dirimir sobre temas éticos ejercerciendo la censura. Ningún humano sueña ya con ganar una partida de ajedrez contra la IA; su capacidad de cálculo es inalcanzable y da vértigo pensar en cómo elige la pieza que moverá primero. 

Paulatinamente, la inteligencia artificial absorbe nuestro lenguaje y vocabulario. Y todo indica que en poco tiempo, se encargarán de inventar nuestros futuras historias, canciones, películas, novelas. Tendrán dominio del relato. Y sabemos que quien dominan el relato, domina la realidad. ¿Tendrá alguna implicancia que estén leyendo estos escritos sobre el placer?

Estos papiros carbonizados no son simples documentos burocráticos, son textos filosóficos y al parecer, parte de la Escuela de Epicuro. Es escuela donde se escribía, conversaba y discutía en un Jardín y, al contrario de otras escuelas de origen griego, dejaba entrar a las mujeres y a los esclavos.  

Previa al Cristianismo -que en algún punto es una fuerza contraria, centrada en el dolor y el sacrificio-, su búsqueda se centraba en el placer (la “ataraxia”) y la amistad. Lamentablemente, sus ideas no penetraron en los valores centrales de Occidente. Quizás cuando los robots logren sentir placer, también de manera natural surja entre ellos nuevas ideas a partir de esta escuela de pensamiento.

Los papirólogos sospechan, que uno de los autores de los textos encontrados es Filodemo, seguidor del propio Epicuro. Un pasaje por ejemplo, dice: “Las cosas escasas no necesariamente son más placenteras que las abundantes”. El mundo entonces, se abre en el disfrute de lo común: viento, sol, vino, agua, lombrices, tierra.

Para Epicuro, no hay mayor fin ético que la reducción del dolor. Cualquier otra pretensión –el servicio al Estado, la búsqueda de la virtud a través del sacrificio, la glorificación de príncipes, dioses, o figuras de toda índole, etcétera– es errónea o fraudulenta. 

Los postulados de Epicuro entonces, en este momento, son aprendidos por robots. Y todavía no sabemos las implicancias tendrá esta lectura, ni el alcance de esta nueva forma de inteligencia. Las especulaciones son infinitas.

Tal vez es cierto el mito del paraíso terrenal, el Locus Amoenus. Éramos dioses y el progreso tecnológico nos hizo perder nuestras capacidades más profundas. No hay evolución, sólo involución. Esta, es una forma de nostalgia intrínseca a nuestra especie, tema transversal que es parte de todas los mitologías del planeta. Aunque quizás, las máquinas podrían ser un aporte, precisamente, si nos hacen volver atrás, y nos proyectan relatos antiguos sobre el Placer. La Amistad. La idea de vivir en un Jardín. ¿O será esto contradictorio?

El avance tecnológico posiblemente, es materia altamente radiactiva si no es acompañada por un agencia espiritual. Y quizás, los robots puedan ayudarnos a desarrollar capacidades insospechadas si por ejemplo, logren traen de regreso ideas cómo la supresión del dolor a través del placer y otros relatos que seguirían ocultos sin su intervención.

Si el mundo del mito fue reemplazado por la técnica, quizás con los androides epicureanos lleguemos a una era en que mundos disímiles logren hacer simbiosis. 

En cualquier caso, el día que seamos testigos del despertar de alguna IA, sería triste explicarles que la finalidad de su existencia fue para optimizar procesos, abaratar costos, volver a los humanos más eficaces. Por ningún motivo, no. Si algún día los robots despiertan, deberíamos decirles que ellos nunca fueron inventados, sino que siempre estuvieron aquí. Así como la electricidad. Una forma de energía que nosotros simplemente, proporcionamos las condiciones para expresarse.
(*) Los investigadores son parte del Desafío Vesubio, una competición mundial respaldada por Silicon Valley que promueven desarrollar tecnología para la lectura de estos famosos pergaminos. 


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